sábado, 17 de octubre de 2009




Pasaron más de dos semanas, y la psicóloga no había ido a visitarme. Pensé que tal vez no quería hablar más con migo, desde el momento en el cual escuchó mis oscuras vivencias.
Recuerdo que cuando desperté de mi largo sueño, me encontré nervioso y molesto, porque sabía que si esa psicóloga no era de confiar, me delataría. Pero ella me había jurado que no iba a contarle nada a nadie acerca de mis asesinatos ¿Y si lo hacía? De ser así, me encontraría en un laberinto sin fin, perseguido por policías, fiscales y jueces.

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