
La enfermera intentó controlarme, pero le pedí por favor que se mantenga al margen. Cuando mis manos se tornaron tranquilas, me arenqué el suero con fuerza y salió de la herida una bocanada de sangre.
Yo estaba más que seguro que aquellos policías, habían venido a por mí y en un intento desesperado por dejar de vivir, tomé la aguja del suero y empecé a cortarme parte de mi brazo derecho con ella.
Intenté clavarme la aguja de suero en la yugular y comenzar a degollarme, pero ni bien la enfermera vio mi extraña conducta, tocó un timbre situado al lado de la puerta de la habitación y tiempo después varios médicos ingresaron.
Federico Ruzquez
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