sábado, 17 de octubre de 2009



juli te quiero mucho










Las enfermeras me retiraron de aquel parque y me llevaron nuevamente a mi habitación, llegada las 6 de la tarde. Ese día me mantuvieron sin medicamentos tranquilizantes, y sentí algo de libertad. Pensé durante un largo rato en el señor Manger y en Clotilde, y dediqué los 15 minutos que me daban para cenar en leer un libro que me había obsequiado unas de las tantas enfermeras del establecimiento.
Aquella misma noche, en la cual maldije el momento en que decidieron no doparme, algo muy raro sucedió. Me quedé dormido luego de leer 25 hojas de aquel libro –no me acuerdo exactamente el nombre, pero sé que contaba la historia de un niño-, y un extraño sonido me hizo despertar cuando todo el hospital dormía. Abrí lentamente mis ojos y por alguna razón sentí miedo luego de muchos años. Pude divisar, una vez despabilado, como al lado de mi cama y sentado sobre aquella áspera silla, estaba mi padre.

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