Comenzaré el último capítulo de mi escrito, comentándoles que un mes después de haber llegado a este centro de rehabilitación, Mónica murió a causa de una epidemia que comenzó a azotar la ciudad días después de mí llegada al establecimiento.
Los médicos no me dejaron ir a su funeral, pero le mandé mis condolencias a su familia por intermedio de una carta.
Estuve muy mal anímicamente después de ese hecho, ya que me sentí solo y sin compañía. Ninguna otra psicóloga podría ocupar el lugar que ocupó Mónica en mi vida y de hecho, pedí por favor no ser atendido por ningún otro analista de cerebros.
Tiempo después se me detectó cáncer de pulmón, y me sometieron a distintos estudios para ver la complejidad del tumor.
Según lo que me contó mi médico, era un cáncer no muy grave pero si preocupante. En menos de un mes perdí mi pelo por el accionar de una nueva técnica para combatir al cáncer llamada quimioterapia, pero les anticipo que no mejoró en nada mi salud.
Todas las tardes y acompañado por un doctor, solía caminar por aquel lugar plagado de libertad para sentir como el aire penetraba en mi enfermo cuerpo.
Pero mi salud comenzó a desmejorar, al igual que mi estado anímico. Comía muy poco y el insomnio comenzó a ser algo de todas las noches.
Podría decirles que todo lo que conté fueron puras patrañas, pero crean que yo no miento. Crean también, que no escribo porque me gusta, ni tampoco porque no tengo nada que hacer. Escribo pues el cáncer de pulmón que le quita fuerza a mi vida me ha quitado a mí la voz, y quiero que mi memoria sea recordada, aunque sea por unas pocas personas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario